Trabajo con Sutúl Naré

May 30, 2015

El día que conocí a Sutúl, fue para  tomar con él mi primer (y única) clase de masajes. Para ese entonces, estaba muy focalizada en obtener herramientas que me permitieran sostenerme económicamente y que sean gratas al mismo tiempo para irme de la ciudad y vivir en un lugar tranquilo rodeada de naturaleza. Cuando me recibió, nos sentamos para hablar y presentarnos, escuchaba de él las cosas que latían en mí y que no me permitía creer por considerarme ilusa. Ese día sentí confianza, en él y en mí,  y lo vi como alguien de quien podía aprender, aunque en ese momento no podía imaginar qué, ni cuánto. A la semana siguiente, iba a mi segunda clase de masajes, estaba muy desanimada, me refugiaba en la idea de alcanzar la paz y la felicidad cuando viviera en las sierras, pero la realidad es que eso no estaba pasando ni sabía si iba a pasar algún día lo cual me traía todo tipo de sentires negativos. Casi no recuerdo la charla, pero sí que sus palabras tenían pleno sentido para mí, eran piezas de rompecabezas que comenzaban a unirse y en su unión se dejaba ver que algo comenzaba a formarse. Ese día me invitó al primero de todos los encuentros de trabajo interno que vendrían. Hoy, casi dos años después de conocerlo, puedo ver el trabajo interno como un proceso de evolución interno, guiado (con todo lo que eso puede significar) por él y con la contención de los compañeros del camino… A medida que ando y desando en simultáneo este camino, voy percibiendo qué tan lejos estoy de aquella que soy realmente y contrario a lo que pretendía al comenzar, puedo reconocer que el camino es largo y no hay atajos, tampoco hay otro lugar a donde ir, pero al compartirlo con personas amorosas como las que estoy conociendo, la pretensión de alcanzar una meta se disuelve y agradezco que sea extenso porque cada paso que damos es una posibilidad y una potencialidad para ser y estar unidos.

 

 

 

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